Relatos del
Fusilamiento del Coronel Emilio Luna en Huamachuco

Relato del Capitán
Alejandro Binimelis

Los dos
jefes tomados en el campo de batalla, Luna y Osma Cáceres, fueron fusilados
en el mismo sitio después de un pequeño interrogatorio.
Nos
encontrábamos reunidos el coronel y muchos jefes y oficiales en las mismas
posiciones enemigas, que estaban sembradas de cadáveres, cuando llegaron
varios prisioneros que se habían tomado.
El coronel
me ordena: Capitán Binimelis, tómele el nombre a esos prisioneros y me da
cuenta. Me dirijo a ellos y principio a tomarles sus nombres, grados,
batallón que mandaban etc.
El mayor
Osma Cáceres, lleno de miedo me informa que mandaba una de las baterías; que
si lo había hecho era por la fuerza, etc.; se mostró cobarde, a pesar de ser
joven, de familia de militares y de su aire marcial y de soldado.
Al
dirigirme a Luna para interrogarlo, me dijo: Soy Miguel Emilio Luna,
Coronel-comandante del batallón Jauja N°2, ahora prisionero de Uds. Y a su
disposición.
Luego,
mirándome fijamente agrego: Yo le conozco a Ud., capitán Binimelis; no se
acuerda de mí?
No señor,
no me acuerdo
Acuérdese
cuando ustedes, los oficiales del regimiento Concepción, recién entraron a
Lima se arrancharon en el restaurat Ecuador, donde comíamos también muchos
de nosotros e hicimos amistad con usted, el mayor Saldes y con el capitán
Ferro. No recuerda ud.?
Ahora, si
señor, que recuerdo eso perfectamente, y siento encontrarme en estas
circunstancias con usted.
Le pido,
capitán Binimelis, haga algo por su amigo ante el señor coronel.
Haré
cuanto pueda por mi parte, le conteste, dirigiéndome donde el coronel
Gorostiaga, a quien le di cuenta de mi cometido y el nombre de los
prisioneros.
El coronel
me ordeno los trajera a su presencia; los interrogo sobre varios puntos y
luego les dijo que iban a ser fusilados.
Oír esto
el capitán Osma Cáceres y principiar a implorar perdón, arrodillarse y
abrazarse a las piernas de Gorostiaga, pidiéndole no lo matara, haciéndole
presente que lo habían engañado al tomar armas contra Chile, fue todo uno.
En cambio,
el coronel Luna, no imploro perdón; solo hablo para protestar que no eran
montoneros y de que debían fusilarlos con todos los honores de guerra.
A una
señal del coronel, se desprenden dos soldados del Cazadores montados y
reciben orden de matarlos; avanzan donde se encuentran, los toman por la
espalda y los sacan hacia un zanjon que estaba cerca, les dan un caballazo y
al caer de bruces les disparan sus carabinas, matándolos después de varios
tiros.
Así
murieron estos desgraciados que en varios combates habían expuesto sus vidas
por la patria.
Luna
sucumbió como un valiente, Osma Cáceres como un cobarde.
Por mucho
tiempo me acompaño la impresión que me dejo en el alma la muerte tan
ignominiosa de este amigo y valiente peruano.

Relato del soldado Luis Ibarra (Escuadrón Cazadores a
Caballo)
El coronel Luna murió bien; era
alentado el cholo; y no tenía cara de tal porque era hombre blanco, de buena
presencia y de buena edad.
A los niños les repartió antes de
morir todas sus prendas; les dio el reloj, la ropa y las botas; y en seguida
se le puso de rodillas y se le fusilo. Antes de morir dijo:
"Si ya esta la orden dada
fucílenme pronto"
Enseguida se le puso de rodillas y
por la espalda le pegamos dos tiros.
No ocurrió lo mismo con el otro
cholito, con un mayor de artillería, un tal Osama Cáceres, que decía a los
niños que no lo mataran porque era sobrino del general y eso no le sirvió
sino para peor, porque el parentesco no era muy bueno que digamos, porque
este fue bien vilote, se porto cobarde para morir. Reclamo mucho. El hombre
se desespero: "A mi me traen engañado" decía, y cuando lo sacamos para el
bajito se agarro de las piernas de uno de los niños y un soldado le pego un
pescozón entonces, y por mas que pedía perdón a gritos, llorando, fue
necesario tirarlo al suelo, a un lado y ahí le ajustaron el cuarenta.
Este mayor cholo fue bien cobarde
para morir.
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