
Al Ejército de
Ocupación en el Norte.
Amigos y compañeros de armas:
Con fecha 3 del presente mes de Mayo, elevé al Supremo Gobierno la renuncia
de mi puesto de General en Jefe del Ejército de Operaciones del Norte, que
aquél tuvo a bien aceptar. Me impulsaron a dar este paso razones de
delicadeza personal y la convicción de que estaba terminada la parte más
ardua de la misión que se me había confiado.
Al separarme de vosotros, leales amigos y queridos compañeros, cumplo con un
deber muy grato para mi corazón, dándoos las gracias por la eficaz
cooperación que me prestasteis siempre en el desempeño de mis difíciles
tareas. Hubiera deseado daros este adiós personalmente; pero ya que las
circunstancias me lo impiden, quiero declararos una vez más, que estimo el
honor de haberos mandado como el más grande que pudiera recibir, y que
conservaré el recuerdo de los días que vivimos juntos en los campamentos
como el más agradable de mi vida. De vuestra disciplina, moralidad y valor
da testimonio la colosal empresa que habéis realizado con tanta fortuna; y
yo, como vuestro Jefe, declaro que nuestra gloriosa República debe estar
orgullosa de haber improvisado un Ejército que ha podido servir de modelo
por la práctica de todas las virtudes militares.
Yo espero que habréis de terminar vuestra obra haciendo honor a vuestros
gloriosos antecedentes y prestando al digno Jefe que me reemplaza en el
mando, el mismo concurso eficaz y afectuoso que me prestasteis
constantemente.
Deseo con todas las veras de mi alma que una paz sólida y honrosa, tal como
la necesitaba la seguridad de nuestro porvenir y tal como corresponde a
vuestros sacrificios y a los triunfos de vuestras armas, os permita regresar
pronto al seno de vuestra Patria y de vuestros hogares.
Pero si eso desgraciadamente no sucediera; si llegara a ser necesario
confiar otra vez la suerte de la Nación al fallo supremo de nuevos combates,
yo volvería en cualquier puesto a cumplir con mi deber y a tener el honor de
pelear a vuestro lado.
Entre tanto, repitiéndoos su adiós, os estrecha cordialmente la mano vuestro
general y amigo.
Manuel
Baquedano
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